El blog de una fibro











{julio 5, 2010}   TAL VEZ MAÑANA

TAL VEZ MAÑANA”

Hace frío. Escondo mis manos en los bolsillos de este viejo tapado y camino sin prisa atontada por los ruidos de la calle. Me detengo frente a la enorme puerta de madera. Revuelvo un poco mi cartera antes de encontrar las llaves.
Mis pasos retumban en el pasillo que me lleva hasta el ascensor. Alguien allí lo está esperando, un desconocido. Podría ser mi vecino. Vivo en un edificio de tantas unidades que no conozco a todos sus habitantes. Subimos juntos. Lo miro de reojo. Se baja en el quinto, no me saluda. Yo sigo hasta el décimo.
Recorro un oscuro pasillo. Abro la puerta “C”. Una vez dentro, la cierro con dos vueltas de llave. Me apoyo en la pared, dejo caer mi bolso. Me rodean el silencio y la oscuridad. Nadie me espera. Habito sola este pequeño departamento.
Prendo la luz. Me quito el tapado. Caliento café para entibiar el alma.
Prendo el televisor. Lo apago.
Prendo la radio. Un poco de música me acompaña. Me acurruco en el sofá. Rueda una lágrima.
Basta de recuerdos. Son tantos los fracasos que me ahogan las esperanzas.
Casi me estoy acostumbrando. Es tan cómoda esta soledad. Y sin embargo a veces me pregunto cuándo llegará mi hora de vivir. Cuándo sentiré más liviana mi carga.
Estoy sola. Y cada año que pasa me siento más lejos de conocer el amor.
Me miro en el espejo. Descubro unas canas, algunas arrugas, y nada que valga la pena entre mis recuerdos.
Casi me estoy acostumbrando. Pero no es justo envejecer con las manos vacías.
La rutina me está matando.
Mi corazón estalla. No tiene sosiego. No tiene paz.
La vida me roza, me despierta y se va.
¿Qué pasa que me escapa y no la puedo alcanzar?
Quiero más. Sentir más.
¿Qué pasa que nada me puede llenar?
La vida me provoca, me agita y se va.
Y el amor… ¿dónde está?
Vida… ¿dónde estás? Te siento, me acaricias y te vas. ¿Por qué te vas? QUIERO MÁS!
Tocar el cielo con las manos, sentir el viento, oír el mar. Mojarme en la lluvia, llenarme de música y volar. Mi corazón explota de ansiedad.
Pero basta de sueños, ya es tarde.
Busco algo de comida en la nevera. Apago la radio, prendo el televisor. Casi me estoy acostumbrando a esta vida tranquila y sin altibajos. Pero tan monótona y agobiante como una canilla goteando.
Me recuesto. Sola.
Parece que me estoy acostumbrando, pero no es cierto, no tolero esta soledad, no ha sido mi elección.
Y todavía me pregunto de dónde saco fuerzas para seguir sobreviviendo. Para soportar la competencia, la envidia, la indiferencia.
Paso de un canal a otro. Nada que atraiga mi atención. Apago el televisor.
Busco las pastillas para dormir. Una, dos, todo el frasco sería mejor.
Fantaseo.
Algunos se preguntarán por qué. Preguntarán qué historia se esconde detrás de este suicidio. Una historia de hastío.
Nadie le encontrará sentido a esta muerte. Yo no le encuentro sentido a mi vida.
Pensamientos lúgubres cargan el ambiente como las negras nubes oscurecen la tierra. De pronto una llamada telefónica truena en mi cuarto presagiando lluvia refrescante. Una voz amiga me consuela. Sus palabras son pinceles de esperanza pintando un arco iris.
Guardo todas las pastillas. Mañana quiero estar bien despierta. Mañana tengo una cita importante. Mañana, la vida, no se me escapa.

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